Crítica: En la Fundación, La Joven Compañía

20 noviembre, 2018
Este espectáculo va desgranando señales positivas desde antes incluso de comenzar, cuando un joven actor realiza una presentación del proyecto del espectáculo y de la compañía con un garbo y una frescura que hacen augurar para él grandes éxitos profesionales.
Del excelente texto de Buero Vallejo es difícil agregar algo que no se haya dicho antes y la escenografía de Silvia de Marta resulta adecuada, con un apoyo audiovisual que colabora con las declaradas intenciones de actualizar la obra, sin tampoco hacerse protagonista.  Unos personajes se encuentran en una incierta Fundación que a medida que pasa el tiempo va develando sus perfiles más siniestros para terminar dándonos una brillante reflexión sobre el encierro y las posibilidades de la imaginación para buscar mundos posibles distintos a la realidad inenarrable. Sin embargo, no parece que sea una obra tan conocida por los espectadores para que sea justificable que en el programa de mano se destripe sin necesidad una vicisitud de la cual el autor buscaba claramente mantener el factor sorpresa, privando al público de ir descubriendo paso a paso y junto con el protagonista la verdadera naturaleza de La Fundación. Los actores y la actriz desde el inicio muestran una reseñable dicción y destacan por su plasticidad a la hora de ilustrar estados de alegría, enfado o tristeza. Sin embargo, en el punto de la interpretación es donde las piezas no terminan de encajar. Me imagino llevando a un niño a ver la obra, y que este me preguntara “¿por qué está tan enfadado ese señor?” Y es que todos los personajes parecieran con síntomas de una cierta bipolaridad ya que por ejemplo están ora enfadados con alguien y al momento lo están defendiendo como a un hermano. Estos cambios de humor podrían estar tal vez justificados en el protagonista, que tiene claramente un estado mental confuso. Incluso podríamos perdonar esa falta de racionalidad psicológica en su furtiva novia Berta, con quien representa una relación en los cánones de Romeo y Julieta que bien admite los clichés del género. Pero a partir de ahí pareciera completamente injustificable que los personajes tengan esos cambios de humor instantáneos: ¿Por qué grita así? ¿Cómo es que ahora lo trata tan bien si hace un momento estuvo a punto de matarlo? Y de ningún modo se puede culpar al texto, ya que desde hace un siglo existen sobradas herramientas actorales para pasar de un estado de ánimo a otro sin que parezca que al personaje se le fue completamente la olla. Si los actores no logran crear una línea coherente en los estados de ánimo de sus personajes no parece ser por falta de capacidad, ya que dieron sobradas muestras de profesionalismo, sino simplemente porque desde la producción del espectáculo se da por supuesto que no es necesario atender a esa problemática. Lo que nos lleva a pensar que tal vez los métodos de interpretación asimilados genéricamente con Stanislavski estén pasado de moda -si es que alguna vez verdaderamente lo estuvo en este país- y que si uno va al teatro no es para embarcarnos en una aventura junto con unos personajes vivos. Se podría alegar que existe alguna intención “distanciadora” pero el abordaje actoral se acerca más a la tradición de unos actores y actrices presentando su texto alto y claro sin contaminar demasiado las intenciones del dramaturgo. Y rezar para que tengamos suerte y la intuición de actrices y actores sea suficiente para suplir su falta de interés en su técnica. Si fuera así, el público de teatro mostraría una permisividad con las interpretaciones estereotipadas que de ningún modo admite el público de cine y televisión, excepto en las telenovelas latinoamericanas o las comedias españolas en que justamente se espera esa saturación emocional y ciertos lugares comunes. El texto de Buero Vallejo es sobradamente reconocido y los deslices de La Joven Compañía no son de tanto calado como para dejar de recomendar que se vaya a ver esta obra. Y más aún si se entiende como parte de un proyecto ambicioso con grandes y jóvenes profesionales, que tiene visos de que va a seguir durante mucho tiempo enriqueciendo el panorama teatral español. Martín Piola. 19/10/18 Teatro Juan de la Enzina (Salamanca). Próximamente en Madrid. Teatro Conde Duque