2010

28 diciembre, 2009

Desde este punto de vista, todos somos como aquel pequeño francés que, en [ el campo de concentración de ] Buchenwald, se obstinaba en que, el escribiente, que también era un prisionero y que registraba su llegada al campo, redactara una reclamación. ¿Una reclamación? El escribiente y sus ayudantes se echaron a reír. “Es inútil, viejo. Aquí no se hacen reclamaciones.” “Es que, mire usted, señor”, decía el pequeño francés, “mi caso es excepcional. Soy inocente.”  (Albert Camus, “La caída”)

Paz en 2010 para bufones y saltimbanquis, poetisas y pintores, histéricas, neuróticos, delirantes y hambrientos; para los inútiles, los aburridos y los suspensos. Para las viejas decrépitas que sólo saben una canción, los suicidas fallidos, las adolescentes deformes y los sin remedio enfermos. Para los reyes sin reino y los que predican a montañas de cuerpos putrefactos.
Paz en 2010 para los que siguen instrucciones de sueños redactados en cristales empañados.

LOMBÓ.